miguel hernandez

Nací en la Calle de Arriba,
lejos de catedrales, palacios y ateneos.
Me murieron en una cárcel fascista,
lejos del pueblo y de sus vientos.
Canción de un amor obstinado
Tanto soy yo de tí,
tanto,
que no soy yo sin tí, ni soy del aire.
Mi casa se ha llenado de tu ausencia,
las puertas se abren solas, esperando,
húmeda y fría mi cama de recuerdos,
cubre con tus sábanas mis orgasmos.
Tanto soy yo de tí,
tanto,
que no soy yo sin tí, ni soy del agua.
Mi perro se murió sin tus olores,
sin tu alegría, sin tu desencanto,
sin esa luz que escapa de tus ojos,
y regresa a los míos, toda llanto.
Tanto soy yo de tí, mi vida,
tanto,
que no soy yo sin tí, ni soy del fuego.
Ya no soy del mar, ni sus adentros,
no soy de mis hijos, ni sus madres,
no soy perdedor, ni gano a nadie,
no soy de los vivos ni los muertos.
Juan Ros
Quisieron atrapar el aire en una jaula,
que los negros barrotes
de sucias cárceles
no dejasen pasar las palabras.
Nunca han sabido los malos, nunca sabrán,
que la libertad ni se quita
ni se da.
Se llenaron las calles
de mezquindad,
se llenaron las calles
de nadas grises
de miedosas indiferencias
y odios grandes e ignorantes.
Pero no cesan los rayos
siempre entre la fealdad
entre los malos
disparando luz de luna
con canciones y poesía,
hundiendo estacas de amor
en los corazones sucios
que el mundo habitan.
Antonio Sánchez
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almendros espinosos
Si, cabalgar en tu avestruz es divertido a veces
tu avestruz peluda y parlanchina,
cruzar barquitos de papel
de incierto destino
rellenos de flores de almendro
de Alicante.
Deriva de la memoria en mallas rojas
rimel en la playa
y palabras que no cesan.
No te ví entonces
no te he visto
desde entonces
sé
que cabalgas tortugas
que hueles
nenufares
al atardecer.
Ayer
anoche.
Incierto destino
el de la espina
de la rosa.
Incierto destino
el de la rosa
del almendro.
Mi voz,
ayer,
entre nenufares
al atardecer.
Antonio Sánchez
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Las moscas no saben nada hoy
de historias
ni de muertos.
Molestan
sin saber.
No molestan,
no saben lo que saben.
Caeiro hoy
atraviesa mi alma disfrazado de Pán.
Pán habla, como siempre,
por mi boca convertida
en boca de Pesoa.
Y la verdad no es verdad,
mi avatar hoy
es sin ser.
Caeiro que murió sin ser nacido
sin conocer de los cuernos Pánicos
siendo el cuerno izquierdo y la Pezuña Acariciadora del Bosque Ibero.
Debemos llorar hoy
según la Rueda del Sol Persa,
y no llorar
porque el único color posible
para una revolución es
el negro de la pólvora
igual que es el único color posible
para la traición, para la muerte innecesaria,
inmerecida.
El único color posible
para la visión de los Poetas Muertos en las Cunetas de mis Pueblos.
Exaltemos a los traidores
a los pequeños envidiosos.
Hoy igual que siempre.
Igual que nunca.
Recuerdo mi muerte
en aquella base de hidros.
Recuerdo mi muerte en la curva
de esa oscura carretera.
Recuerdo mi muerte contra la tapia del cementerio.
Los gritos de unos y de otros.
Recuerdo mi muerte en un bosque de Polonia,
en un bosque de Serbia, en desierto de Irak, en una selva de Nicaragua, en una cueva de Vietnan.
Recuerdo mi muerte
a manos de mi hermano
bajo la atenta mirada de mis padres,
ellos habían depositado el honor de la familia
en mi coño virgen y sin macula.
Recuerdo mi muerte bajo la guillotina, como mi corona
rodó entre los pies
de la muchedumbre, como sus risas se fueron perdiendo
en el vacío eterno.
Caeiro muriendo sin saber que muere sin haber nacido,
hoy soy
mosca que se sabe en el vuelo,
oveja en la loma reconociéndose en el viento.
Tu vientre hambriento, chiquitín
que morirás de hambre esta noche
sin saber lo que es el hambre
sin saber lo que es la noche
sin saber lo que es morir.
Estoy llegando al recodo del río,
tomare su agua entre mis manos
y limpiare el terciopelo de mis cuernos
y quitare el barro
de mis pezuñas.
Esta tarde, como siempre,
esparciré mi musica por el bosque
cantare a Federico, a Miguel,
las avutardas serán mi voz,
los jabalíes serán mi voz.
Yo soy el Bosque, la Voz y el Silencio,
el Muerto y el Asesino.
Antonio Sánchez
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